En ese tortuoso inicio de solitaria denuncia callejera, los familiares de los
desaparecidos
buscaron el apoyo y solidaridad, de las Asociaciones de
familiares
de otros países
latinoamericanos congregados en la Federación
Latinoamericana de Asociaciones de
Familiares de Detenidos- Desaparecidos FEDEFAM, que tenía
un proceso de trabajo a
nivel de las instancias
internacionales, especialmente una
naciente interlocución con el
Grupo de
Trabajo sobre Desapariciones Forzadas e involuntarias de la ONU como
también
una labor de incidencia con la Comisión
de Derechos Humanos
de la OEA.
Los familiares de los desaparecidos congregados en Asfaddes, iniciaron un
nuevo
desafio
en su ya constante lucha de amor por ellos, incursionando en elámbito de la
Asamblea anual
de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, presionando
mediante el testimonio directo
de los familiares de las víctimas instar al gobierno
colombiano, que en 1988 se vio obligado
a invitar al Grupo de Trabajo sobre
Desapariciones Forzadas e involuntarias a visitar Colombia
y pudiese conocer y
constatar la situación de la desaparición forzada.
A finales de la década de los ochenta y principios de los noventa, la desaparición
forzada
pasó a ser no sólo selectiva, sino que se convirtió en una práctica masiva de
terror,
extendiéndose a todos los sectores sociales, líderes populares urbanos y
rurales,
aplicándose también a personas que por el solo hecho de habitar ó transitar
en zonas de
grandes riquezas naturales, fuertes procesos sociales y agudo conflicto
armado, se
convirtieron víctimas, engrosando las listas de desaparecidos existentes. Caracterizándose
en su ejecución por grupos paramilitares, que actuaban en
complicidad, tolerancia y
aquiescencia del Estado; evidenciado que la desaparición
forzada es una
política de terror
gestada y ejecutada desde mismo Estado.
Ante la falta de voluntad política del Estado colombiano, para buscar, investigar y
castigar
a los responsables y ante la ausencia de herramientas judiciales que reconocieran
la
desaparición forzada como delito, Asfaddes, asumió el reto de lograr su tipificación,
iniciando
un camino de insistencia y persistencia por lograrlo.