Con el dolor ahogado en la garganta y a través de la voz entrecortada, de Doña Aura todos conocimos a César Ariel, sus juegos, sus necesidades, sus virtudes, sus errores, sus sueños y en medio de esta emotiva ceremonia supimos que él era el hombre de la casa y que a sus 12 años empezó a trabajar.
Una vez más la voz fuerte santandereana de Doña Aura nos dijo “…Y él me decía mamá yo soy el hombre de la casa y cuando vivíamos en una habitación me decía mami vamos a tener una casa grande yo la voy a ayudar…” “…Y llegaba a la casa con una bolsita con un pedazo de carne, hoy celebramos que hicimos una placa en Villa Sandra y con la bolsita de carne perseguía a Jenny y a Jacqueline untándoles carne…¡coman! ¡coman! Les quería hacer comer en el momento en que él llegaba”
Ya habíamos caminado gran parte de la memoria de César Ariel, habíamos vuelto al pasado proyectando el presente y futuro, y al terminar la mañana de ese sábado, lo estábamos acompañando a donde por fin descansaría digno y fuerte.
César Ariel nunca se fue, siempre estuvo y estará en la memoria de sus familiares y en el diario vivir de la Asociación, su memoria junto a la memoria de todos los desaparecidos del País nos permite seguir luchando, resistiendo y persistiendo por Verdad, Justicia y Memoria.
“César Ariel vivirás en cada paso, cada grito, cada palabra, cada lugar, en nuestras lágrimas, en el puño en alto, resistirás y persistirás por siempre”